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domingo, 4 de septiembre de 2011

PEQUEÑOS "TESOROS" DE LA BASURA. 3.

Hace unos años, entre los restos del "rastro" dominical de Valencia, encontre esta libreta.Se trata de parte de un diario de un maestro de escuela con infulas de cronista deportivo, de Onda (Castelló). Comprende el periodo de primavera y verano del año 1954. En el, se dedica a hacer una cronica de cada partido que juega el equipo de futbol de ese municipio. Tambien deja espacio, aunque menor,  y esa es la parte que a mi me interesa, para describir su dia a dia como docente. Aqui transcribo uno de esos fragmentos, porque nos permitira ver como en poco mas de 50 años, ha cambiado nuestra sociedad. Aparte su interes etnotogico y humano para cualquier vecino de Onda. Invito a quien, forofo o estudioso, interesado en la historia del equipo de futbol del Onda en aquel periodo, contacte conmigo.

Vacaciones de Semana Santa y Pascua.
 Tras el cumplimiento pascual que indefectiblemente realizamos todos los Maestros de esta, el viernes de los Dolores entramos de lleno en las vacaciones. Este año se han hecho las confesiones en el Carmen. Con mucha ilusión iban los niños cuesta arriba el jueves por la mañana, por la carretera sembrada a uno y otro lado de fabricas en las que muchos de sus padres ganan con afanes y penalidades el jornal para que ellos puedan hacerse hombres mejores y mas instruidos. Al llegar a la cumbre, el sol estaba ya algo elevado. Volviendo la vista en derredor divisamos el amplio y azul Mediterráneo que deliciosamente baña esta templada y ubérrima zona del litoral levantino, Peñagolosa, la Sierra de Espadan y ya, mas hacia nosotros como recostado en un tapiz oscuro de montañas azuladas, Tales y Artesa.           Aquí mismo a nuestros pies, el Convento del Carmen y la iglesia con su aguda aguja que parece prolongarse indefinidamente al cielo clamando la misericordia y el perdón para los que a ella van a descargar de penas sus pecadoras conciencias.
 Pronto llegamos hasta ella. No hay todavía ningún Padre, pero no tarda en llegar el Prior que empieza a confesar uno a uno, con paciencia de mártires a los 200 niños que suman aproximadamente los que van a cumplir con precepto. Los otros, los que por desgracia no acuden, van ellos solos o bien lo van dejando para otro año hasta que desligados de la Escuela y del calor de la fe se apartan del mejor camino y bordeando los senderos del vicio caen para siempre en la masa ingente que compone esa multitud de seres sin ideal alguno y sin otro afán que el comer para trabajar y trabajar para comer.
 Hemos visto a los niños ir, devotos hacia el confesor y estamos seguros no ha habido ninguno que quedare con mancha alguna de pecado. Tal era el orden, la quietud y el severo silencio allí reinante, solamente interrumpido por el quedo y pausado ruido del ir y venir a confesar y cumplir penitencias. Fuera se oía algún que otro grito que la incontenible alegría infantil hacia salir de las gargantas de los que iban saliendo.
 El viernes día 9, la gran masa, la enorme población escolar de esta incomparable villa, ejemplo de religiosidad y fe cristianas, niños y niñas, Maestros y Maestras cumplimos el precepto.
 En los días que siguen, anteriores al Jueves y Viernes Santos se observa un continuo trajín de pintores que van cargando pinceles, cañas y escaleras de un lado a otro con pasos precipitados; mucho olor de petróleo, aceites y barnices al pasar por las puertas de las casas. Hay limpieza y aseo general. Sastres, modistas, peluqueros y peluqueras, todos están en extremo atareados. Los autobuses llegan mas “rellenos” de lo ordinario y los trenes mas cargados. Hay un verdadero incremento en el trabajo, en toda clase de actividades. Ya en la Puerta del Sol se ven caras nuevas, caras que suelen verse cuando están a llegar las grandes solemnidades, Salvador, feria, Navidad, etc. Son los que amantes de las cosas y tradiciones de sus mayores no pueden dejar que pasen sin que su presencia contribuya al mejor esplendor de las fiestas.
 El Jueves por la mañana ya todo era silencio; las calles limpias y regadas como espejos parecían. El vecindario, compuesto, menos algunos como yo que iban con premura a terminar sus tareas inaplazables, iba a los oficios del día. Y las amas de casa, en previsión de otras contingencias salían y entraban en los hornos sembrando las calles con ese aroma inconfundible que tan bien define las vísperas de los días en que se va a comer chocolate. Todos estos productos de pastelería quedaran arrinconados, claro esta, sin que valgan los lloriqueos de pequeñuelos, que enterneciendo el blando corazón de sus madres hagan romper las puertas de la bien guardada despensa para dar salida furtiva a un par de rollitos o panquemados. Y eso si que no. Hasta el día de Pascua esta terminantemente prohibido. Por lo menos ese es el firme deseo impuesto por la fe de estas gentes sencillas y devotas, grandes creyentes y fieles guardadoras de los preceptos impuestos por nuestra Iglesia.
 Al anochecer se animan las calles por el continuo ir y venir de pequeños grupos con severos trajes negros u obscuro, adornándose el bello sexo con la clásica mantilla para hacer las visitas a los Monumentos. A las diez tras los avisos de “matraca” empieza la procesión precedida  del desfile de “chudios” que dan una nota de alegría y jolgorio bastante impropio de la solemnidad del día. Esta procesión que año tras año va ganando en esplendor ha tenido en este el aliciente del estreno por una congregación de una capa que los cofrades han lucido con gran brillantez.
 El Viernes Santo, la procesión del Santo Entierro hace, como ya es tradicional el recorrido en sentido inverso y con las colas de las vestas desplegadas. Aquí es donde ha de prestar verdaderos ríos de vigilancia el celebre Sr. Molina para evitar que al final de la “vuelta” no hayan convertido, los niños, aquellas colas en vehículos de transporte ya que a hurtadillas aprovechan todas las ocasiones que tienen para ir arrojando sobre ellas y con gran profusión, pequeñas piedrecitas, papeles, cacahuetes y cortezas de naranja. Claro que esto es un desahogo que neutraliza el susto que se llevan cuando un cofrade les mira fijamente durante un rato haciéndoles retraerse y cogerse con fuerza de las primeras faldas que encuentran a mano o el sonrojo que sigue a una frase baja y picante que algún joven cofrade lanza a alguna conocida o amiga bajo el anonimato del capuchón.
 Los acordes de las marchas que con primor ejecutan en su rítmico y acompasado caminar los músicos de nuestra Banda Municipal forman como un artístico broche de acordes melodiosos a estos días de meditación y recogimiento.
 El sábado de gloria ha sido celebrado aquí en el Grupo con el estrépito ensordecedor que 150 manos producían, cuando sonaron las campanas del pueblo, golpeando sobre puertas, pupitres y ventanales.  Luego de estos momentos de jubilosa expansión terminamos con precipitación las clases para que los alumnos fuesen a arreglar sus “Peñas” para comerse la mona.
 El domingo a las 8, como todos los años, estaba la “Puerta del Sol” abarrotada de publico que iba a presenciar el simpático momento del “Encuentro” que se realizo poniéndose en libertad, en aquel momento, una innumerable cantidad de palomas. Hacia las 10 ya se veían algunos grupos de jovenzuelos impacientes con camisas a cuadros, gorras “sport” y alguna que otra “bota” a punto de absorber hasta la saciedad el liquido rojo y aromático que por la tarde ha de llevar de cabeza a mas de cuatro que ahora lo miran con arrobador deleite. Poco a poco, ya con Misa oída se animan las calles. La muchachada, francamente lanzada hacia la locura de la Pascua, llena con su alborozo las calles. Esta algaraza va en aumento. Se interrumpe a la hora de la comida, que hoy se realiza con prisas y a medias y luego, a primeras horas de la tarde, empiezan a desparramarse por los alrededores de tal forma, chicos y grandes, que el pueblo queda desierto, solitario y silencioso como si algún monstruo de inmensas fauces hubiese sido capaz de tragarse en un santiamén a todos los habitantes de la Villa.
 Ha sido preciso trasladarnos a la “Serratella” para percatarnos de lo erróneo de tan horrorosa suposición. Allí están, aparte de los que en diversas “casetes” y “chalets” tienen organizada merienda con baile amenizado con diversas orquestinas, las mozas con los que pronto serán sus novios, si no lo son ya, los que en años quizás no muy lejanos sintieron y gozaron con la misma alegría y esa caterva, esa (…) innumera de chiquillos y pequeñines que se comieron la mona antes de salir de casa y ahora no cesaran en su “huí”, “huí”, “huí”, hasta que luego del “rosego”, cansados y roncos caigan en sus camas para dormir a pierna suelta.
 Y así, alternando el trabajo con estos cortos ratos de distracción pasaron las vacaciones de Pascua del 54, que por cierto han sido para mí las más completas que he vivido desde hace muchos años.

3 comentarios:

  1. Increíble lección de Historia. De la de verdad.
    Una verdadera gozada tu transcripción. Además, el lenguaje florido que utiliza quien la escribió, da pie a la creación de un buen personaje literario.
    No lo desperdicies. Esa voz del pasado puede tener un buen futuro.
    ¿De donde sacas esas maravillas, David?

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  2. Oye, ¿te sabría mal que colgara esta entrada en mi blog? Prometo hacer referencia al tuyo.
    Palabrita del niño Jesú

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  3. JAJAJA, GRACIAS. CUELGALO DONDE QUIERAS. Y NO, NO LO PIENSO DESPERDICIAR. COMO HABRAS COMPROBADO LO GUARDO TODO. SINDROME DE ACUMULACION COMPULSIBA. SALUDOS

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